El tratado de Paracelso
Entrada en Esoterismo, el 12-12-2009
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El tratado de Paracelso, verdadero grimorio, que hoy damos a los lectores de habla castellana, forma parte de la Philosophia Sagax, aparecida en Eferding (Bohemia) en 1537. obra que fue completada por su autor pocos meses antes de su muerte.
Los silfos, ninfas o ninfos, gnomos, duendes o pigmeos, y las salamandras, son los nombres dados en la Edad Media a los espÃritus elementales, es decir, los seres que se suponÃa animaban los cuatro elementos clásicos: tierra, agua. aire. fuego.
La creencia en los espÃritus elementales es muy antigua, procede del mundo precristiano y posiblemente tuvo su origen en una antigüedad imposible de calcular. En los últimos cien años, se ha especulado mucho acerca de las creencias primitivas, el pensamiento, llamado mágico y las religiones comparadas, sin que dichos estudios aclaren gran cosa.
Al interpretar el universo energético, el hombre puede hacerlo considerando que las fuerzas que en él actúan son impersonales, ciegas, movidas por una ineludible fatalidad o por el contrario que. a semejanza de su propio psiquismo. poseen una personalidad individualizada y capaz de cierto grado de elección. En este segundo caso, nos encontramos ante un mundo como el que nos cuentan las fábulas y mitos griegos en el que las energÃas cósmicas tienen una personalidad y un poder en relación con una especial escala de categorÃas : dioses, semidioses, héroes glorificados, genios, entes espirituales diversos de rÃos, fuentes, comarcas, bosques, ciudades, etc..
Dentro de esta segunda concepción, es donde se ha de encuadrar el tratado de Paracelso que figura a continuación de estas lÃneas, paradójica reminiscencia pagana en un mundo supercristianizado que se consumÃa en la hoguera de la Reforma.

Tratado de los ninfos, silfos, pigmeos, salamandras y otros seres
Me propongo hablaros de las cuatro especies de seres de naturaleza’ espiritual, es decir, de las ninfas (o ninfos), gnomos(pigmeos o duendes), silfos y salamandras: a estas cuatro especies, en verdad, habrÃa que añadir los gigantes y otros muchos. Estos seres, aunque tienen apariencia humana no descienden de Adán y tienen un origen completamente diferente de los hombres y de los animales. Se unen, por tanto, al hombre y de esta unión nacen individuos de la raza humana, yo diré la causa inmediatamente.
He aquà como he dividido este libro: en el primer tratado estudiaré la generación y naturaleza de estos seres; en el segundo, su medio y régimen; en el tercero. aquellos de dichos seres que se nos aparecen y mezclan a nosotros; en el cuarto los milagros de que son capaces: en el quinto, la generación, origen y fin de los gigantes.
Aunque nada se opone a que me inspire en libros escritos por otros, yo .no lo liare; por la excelente razón de que los filósofos nada han dicho de estos seres y no han proporcionado sobre los mismos ningún dato, a causa de que no creen más que en lo que ven. Apenas, han dicho algunas palabras sobre los gigantes.-Pero, está plenamente permitido el tratar de este tema, puesto que en el Antiguo y el Nuevo Testamento, se describen determinadas maravillas que Dios opone a la razón. Y si no está prohibido el admitir la existencia de los diablos y los espÃritus, tampoco está prohibido el estudiar su naturaleza. Examinemos, por tanto, todas las creaciones de Dios y reconozcamos que hay aquà abajo cosas verdaderamente inexplicables.
Para creer en una cosa, es suficiente el conocer su finalidad. El lector podrá encontrar mi libro inútil y vano, en tanto no haya llegado al tratado VI, en el que expongo con toda claridad la finalidad de estos seres; una vez que haya leÃdo este tratado, me felicitará por haber estudiado el primero tal tema y releerá con atención. mi libro. El que mira ve.
